viernes, 9 de diciembre de 2011

el sacerdocio es una bendición


Así como salen muchas noticias de un número bien determinado de sacerdotes que hacen mal su trabajo, es preciso recordar a los tantos miles que lo están haciendo muy bien y con aires de santidad.
El sacerdocio es heredero de la promesa hecha a los apóstoles por parte de Jesús, recordemos sus palabras "JESUS DIJO: USTEDES SON MIS AMIGOS, SI HACEN LO QUE YO LES MANDO.
YA NO OS LLAMO SIERVOS, PORQUE EL SIERVO NO ESTA AL TANTO DE LO QUE HACE SU AMO; LOS HE LLAMADO AMIGOS, PORQUE TODO LO QUE A MI PADRE LE OI DECIR SE LO HE DADO A CONOCER A USTEDES.
NO ME ESCOGIERON USTEDES A MI, SINO QUE YO LOS ESCOGI A USTEDES Y LOS COMISIONE PARA QUE VAYAN Y DEN FRUTO, UN FRUTO QUE PERDURE.
ASI EL PADRE LES DARA TODO LO QUE PIDAN EN MI NOMBRE.
ESTE ES MI MANDAMIENTO QUE SE AMEN LOS UNOS A LOS OTROS.
JUAN 15: 14-17."
El ministerio de los sacerdotes tal como lo conocemos hoy está muy cuestionado y difamado por los medios de comunicación, pero esa no es la totalidad del sacerdocio. También tenemos que hablar de los sacerdotes que visitan a los enfermos en los hospitales sobretodo a los moribundos, que en el ocaso de sus vidas dicen: "gracias Padre" y parten felices para la eternidad; hablemos de aquellos que se la pasan de empresas y empresas buscando fondos para mantener sus comedores para niños, los que ayudan con medicinas a sus fieles más necesitados.
Recordemos aquellos que organizaron nuestros pueblos, y cuando nadie sabía hacer plazas, construir escuelas y paremos de contar.
Recordemos aquellos sacerdotes que pasan horas en sus parroquias confesando a los arrepentidos o atendiendo en sus despachos a los atribulados; pensemos en los preparan para la primera comunión a los más pequeños de nuestras casas.
Recordemos a los sacerdotes, que siendo iguales a nosotros prometieron guardarse en celibato, para depender amorosamente de Dios y de su profundo Amor.
Habría que decir que no vale la pena creer que el celibato los vuelve locos (Homosexuales o pedófilos), tendríamos que pensar en ellos que están necesitados de nuestro amor y comprensión, y recordarles a su vez que su ministerio se enriquece día a día de la oración y de la misericordia.
Ahí están en sus parroquias orando por sus compañeros de camino y por las familias que les piden ayuda, en los colegios, en las universidades, algunos llegaron al final de sus vidas con un rosario en sus manos y con una sonrisa en los labios.
Por muchas razones más el sacerdocio ministerial es una bendición.

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