jueves, 21 de agosto de 2014

La larga espera

"Luego regresaron a sus casas por sus propios medios y allí siguieron esperando. Casi setenta años después el coronel seguía esperando" (García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba) La espera en la mayoría de los casos, por no decir en su totalidad, la espera resulta estéril en tanto que la suspensión de la felicidad queda para otro momento, mientras que para el sufrimiento y todo lo que implique dolor, parece existir más disposición. La postergación de la felicidad nos agobia, sino es hoy, ¿cuando? cuando ya no existan las fuerzas para luchar o cuando la voluntad sea vencida por la rutina dolorosa, quizá... La vida es un camino tan corto que "la espera" se puede convertir en un laberinto sin salida, sólo cuando aparece la voluntad vivificante de hacer valer cada momento como trascendente y como legado a las futuras generaciones es cuando le ganamos la disputa al sedante dolor que nos acostumbra a lo poco y nos aleja de lo humano. La trascendencia no es de ninguna manera esperar por los siglos de los siglos a que realidades imaginarias se impongan de la nada en medio de "la realidad", que es presente, y que necesita de protagonistas que la eleven hasta las alturas inimaginables por medio de sus esfuerzos, los mismos aplican para llevar la realidad hasta un nivel celestial, que es una imposibilidad para el ser humano como tal, sin embargo para La divinidad revelada para los de nuestra cultura en un Dios-amor, nos impulsa hacia arriba con todo y contexto vital, a saber tanto personalmente como geográficamente, como espiritualmente y de forma resumida, totalmente. La famosa ley del dar-y-recibir revolotea por el cosmos situando cada esfuerzo por ser más y mejor, como un movimiento de engranajes que nos llevan a estados superiores de conciencia en donde ya no somos simplemente lo que esperamos ser sino lo que desde ya somos. Mi recompensa es la vida total.

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