miércoles, 4 de abril de 2012

dar vida a la vida


Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos —Jesús, el Hijo de Dios— mantengamos firmes la fe que profesamos. Heb 4,14.
A la luz de la carta a los hebreos hemos meditado nuestro triduo pascual, valdría decir, hemos meditado el misterio central de la fe a la luz de Cristo sacerdote humilde y misericordioso.
La resurrección en la apertura de los cielos para los seres humanos de todos lo tiempos y lugares, aunque lo más importante sería recordad que la muerte no es el final del camino.
Para sostener la esperanza en la vida más allá de nuestros días terrenales, nos hace falta el toque de la fe, la fe que profesamos es Jesús en nosotros, trascendiendo nuestra debilidad y colocándonos junto al Padre en el Reino de los cielos.
La fe en resucitar es el toque de paz y de alegría a nuestra existencia, es dar "vida" a nuestra vida, que en muchos momentos ha estado muerta por el pecado.
Dar vida a la vida es exprimir cada segundo en torno a la experiencia cotidiana de sabernos amados por aquel que nos prometió vida eterna, y que nunca se ha equivocado.
Dar vida a la vida es despertar cada mañana como del sepulcro y salir a destellar de bondad al mundo que tanto lo necesita.
Dar vida a la vida es unirse más a Jesús, que sin él no somos nada, que sin el nos caemos, y sin él sufrir no tiene sentido.
Dar vida a la vida es mirar la claridad de aquel día que no conocerá el ocaso y que brillará para siempre en donde su amor sea lo que ilumine y el cobijo de su presencia nos conforte-
Sábado santo es noche para vigilar, porque no sabemos bien la hora en que resucitará el Señor, y los ojos de nosotros los cristianos quieren ver cada segundo que pasa sentir aquél instante en donde Jesús venció a la muerte.
El Señor vendrá de nuevo, y seguramente vendrá un domingo de pascua de resurrección, yo esperaré este domingo al Señor.

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