martes, 22 de febrero de 2011

supera tus inquietudes


Anselm Grün en la introducción del libro: "las respuestas de Anselm Grun", se hace un cuestionamiento sobre nuestra vida y la fe, porque es muy conocido que los hermanos evangélicos suelen decir: Cristo es la respuesta para todas las cosas... está muy bien que Cristo sea la respuesta de todo, pero, de cuál pregunta?
Tener a Dios en el corazón no nos quita la posibilidad de quedar descorazonados en cualquier momento. El profeta Isaias llegó a plasmar un despecho del mismo monte Síon: "Sión había dicho, el Señor me ha abandonado...", el salmista dijo: "Dios mio, Dios mio, por qué me has abandonado". Ojalá nadie quedara desconcertado o sin bases existenciales, porque cuando las fibras más íntimas del corazón son derrumbadas, cuesta mucho levantarse.
Los derrumbes vienen de muchos canales: deudas impagables, desempleo, frustraciones académicas, infidelidades, falta de cariño. Lo peor del caso, es que de ninguna de estas categorias se salvan los verdaderos hijos de Dios.
Tener a Dios en el corazón no quita la posibilidad de sufrir de inquietudes, de hecho, los vivimos igual que todos, con la diferencia que creemos que al final nos dirá Dios: "si tu madre te abandona, yo no lo haré (Is 49,15)".
Las inquietudes son las preguntas sin palabras que llegan hasta Dios desde nuestras existencias, las inquietudes son los reclamos de insuficiencia ante lo temporal, las inquietudes nos ponen arizcos ante el amor, las inquietudes son propias de las vidas que buscan y no cesan de hacerlo.
Para las inquietudes no hay vacuna, siempre estarán ahí, sólo tienen que ser superadas por Dios mismo que las entiende y sabe calmarlas.

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