martes, 19 de julio de 2011

Levántate y regresa


Tenemos muchas personas a nuestro alrededor que se agobian pensando que al final de sus días estarán sofocados por juicios, imputaciones y malos tratos, por tal motivo no conocen al amor, y hasta le temen y huyen, profundizando más su dolor. Llegará un tiempo y ya se acerca, en donde los miramientos, las mentiras, las injusticias y los lamentos se acabarán, porque poco a poco entenderemos que el Corazón de Dios es muy distinto al nuestro, y mientras en el presente nos aferramos a juicios y sentencias, en el fabuloso futuro se encuentra Dios dando sus lecciones de paciencia.
Aquel muchacho que se fue de la casa de su padre y malgastó todo su dinero en placeres, el cual se parece a muchos de nosotros, tuvo una grandiosa reacción, en medio del dolor de su propia condición (porque la desdicha más grande es saber que nos alejamos de la fuente del Amor) y consistió en que salvó lo poquito que le quedaba en su corazón del amor recibido de su padre, y "se levantó y se dirigió a que su padre".
Cuando estamos alejados de la fuente del amor, basta sólo recordar, regresar, y buscar la fuente del amor primero.
El amor primero es el que nos dio la vida.
El amor primero es el que nos educó el corazón para amar.
El amor primero es la voz interna que nos regresa a la bondad.
El amor es la fuente a la que todos nosotros llegamos sedientos, y el dueño de esa fuente no se encuentra esperando a sus sedientos hijos para maltratarles por su sed, sino que los espera para reconfortarlos y atenderlos con sencillez y sin reservas.
El padre bueno, en ningún momento se sentó a esperar una explicación de su hijo, sino que al verlo destrozado y sediento desde lejos, salió a su encuentro para regeneralo.
Sólo basta que ante las adversidades podamos tener la fuerza para levantarnos y regresar a la casa del Padre que nos espera, no para regañar sino para consolar, no para destrozar sino para vendar, no para atormentar sino para hablar suave.
"Y, levantándose, partió hacia su padre. Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente" Lucas 15, 20.

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