jueves, 14 de julio de 2011

el riesgo


Algunos se lanzan en paracaídas, otros alcanzan velocidades extremas, mientras que a la par algunos engañan, roban y disparan sus armas, porque simplemente quieren sentir el aliento de lo extremo, quieren sentir el riesgo, una sensación que nunca les alcanzará como suficiente.
El riesgo en su sentido verdadero, es aquel impulso por hacer lo que manda el corazón, y más aún, en un corazón lleno de Dios, los riesgos son grandes, no basados en velocidades extremas o lanzamientos desde las alturas, están basados en la búsqueda de la sencillez, de la humildad sin fingimientos, de la pureza de intensiones, del amor desinteresado, de la entrega generosa.
El riesgo entendido de esa forma es complicado de calar en las personas que no conocen el verdadero Amor incondicional de Dios, porque pensar en "riesgo" es dirigirse a aquellas situaciones donde todo se puede mandar a la borda con mentiras, donde la vida corre peligro; pero es muy distinto correr el riesgo desde el Amor de Dios, porque ahí el único peligro es no dejarse amar verdaderamente por el Padre, no conocer la amplitud de su Amor (1 Co 13): "El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará".
El riesgo es sumergirse en la amplitud de los brazos del Padre, es seguir los impulsos internos del corazón, es vivir desinteresadamente, es ser sencillos, llenos del Espíritu Santo para ser más ágiles en las labores diarias.

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