jueves, 2 de julio de 2009

Dios cercano, con-nosotros


En el pasado lo pudieron sentir como un jefe supremo o un caudillo batallador, pero la novedad de nuestros tiempos nos lo ha mostrado como alguien en quien confiar y depositar todas las esperanzas, ya que entiende a cada uno en particular.
Algunos lo ven como un cambiador de favores, unos le intercambian oraciones por favores, otros arduas promesas y penitencias, mientras que muy pocos se acogen a su providencia y actuan como quienes se lanzan a una gran aventura donde quien guía, sabe muy bien a donde conduce.
No se trata de una relación mercantil, de un toma y dame, se trata de una relación de necesidad, donde nosotros le buscamos y Él se deja encontrar, en medio de cada una de las acciones del día a día sin romper con ello el transcurso normal de las cosas y nuestras labores cotidianas.
Pertenece a nuestra estirpe por el milagroso hecho que ya se ha encarnado y es uno de los nuestros, en tanto que desde la eternidad entró en el tiempo humano, una vez y para siempre, ese es Jesús.
Nunca se irá, al contrario siempre lo encontraremos siempre que le solicitemos, en el lugar donde nos encontremos ahí estará, y si por alguna razón no le atendemos, en la puerta estará esperando.
Sólo falta una cosa, conocerle, reconer su amor y su cercanía.

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