viernes, 3 de agosto de 2012

ser buena gente no buen cómplice

"La caridad no se practica solo con el dinero. Podéis visitar a un enfermo, hacerle un rato de compañía, prestarle algún servicio, arreglarle la cama, prepararle los remedios, consolarle en sus penas, leerle algún libro piadoso" (Santo Cura de Ars) Un buen propósito es ser buena gente, entendiendo por "buena gente" una persona que hace el bien a los demás, como la popular frase de Miguel Angel Landa: hacer el bien, sin mirar a quién. Sin embargo hay que hacer una distinción muy propia de nosotros, porque hasta para hacer el bien hay que tener cuidado en cuanto a qué tipo de bien estamos haciendo. Resulta que en una conversación sobre qué es ser cristiano escuché dos versiones de hacer el bien y sobre las cuales hay que hacer una seria distinción, la siguiente: hacer el bien ayudando a una persona a resolver una necesidad concreta como saciar las ganas de comer, o regalar un par de zapatos a quien no tiene; y otro tipo de "hacer el bien" es regalar licor a un borrachito en la esquina para que siga con su rumba perpetua, o regalar dinero para que alguien siga inmerso en el mundo de las apuestas, o hacer el gran regalo de un manojo de cartas para que nuestros amigos de la cantina nunca se vayan y sigan jugando cartas, en fin cosas similares. Lo cierto es que es muy acertado hacer el bien y ser bueno, pero en orden al bien mismo. No es bueno hacer el bien para que las personas sigan encharcadas de vicios. No se es buena gente si un narcotraficante en su afán de ser bueno regala un kilo de droga a algún adicto para que deje de molestar, o regalar una botella de licor a un alcohólico, o dinero a un empedernido apostador. El mejor bien es el que conduce a la felicidad y que proporciona bienestar a su alrededor. En el mundo cristiano tenemos 7 claves concretas para hacer el bien apuntando a la felicidad: Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, visitar a los enfermos, asistir al preso, dar posada al caminante, sepultar a los muertos. De ninguna manera hay que ser cómplice de la extensión de los vicios de las personas, lo más acertado es procurar el bien hacia la lejanía de los vicios como tal. Entonces, hay que hacer el bien mirando a quien se lo hacemos y que sea en orden a su felicidad y no a su entierro como ser humano.
"Porque tuve hambre y ustedes me alimentaron; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Pasé como forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver" (Mt 25, 35-36)

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