martes, 2 de marzo de 2010

pluralidad y singularidad




Desde una simple huella dactilar hasta la forma de hablar, desde los matices de la piel hasta los tonos del color ocular, pasando por la diversidad de idiomas hasta la complejidad de la identidad genética; todo ello habla de una pluralidad humana y su debida singularidad.
Fijémonos en algunos datos que nos ofrece el fenómeno humano para que entendamos que lo más común entre nosotros es la diversidad, que la constatamos en los diferentes tonos de la piel: desde la original piel negra, hasta las pieles blancas pálidas de las zonas templadas, pasando por la piel amarilla de los asiáticos para llegar a nuestro tono color café de las zonas mestizadas; pero igual todos somos seres humanos.
Y qué hablar de los tonos de color de nuestros ojos, los cuales producto de la cantidad de melamina pueden variar su color, así vemos que de acuerdo a esta sustancia: con casi nada de melamina resultan los colores azules, rojizos y grisáceos; con poca: grises, verdes y color miel; con mucha: marrón, castaño y amarillos, y ante eso, todos vemos las maravillas del mundo, y sus horrores también.
Los idiomas son la patente de la diversidad global, existen 6912 idiomas en nuestro planeta tierra, en el momento actual, según un estudio de “ethnologue: languages of the world” (Lewis, M. Paul: Ethnologue: Languages of the World, Sixteenth edition. Dallas, 2009). el continente que tiene más diversidad lingüística es Asia con un 32, 7 % de los idiomas del mundo, continúa la lista África con 30, 3%, le sigue el pacífico con un 19%, luego América con un 14% y por último Europa con un 3,5%; siendo el idioma más hablado el mandarín (873 m/p), le sigue el español (358 m/p), la medalla de bronce la posee el inglés (341 m/p), para culminar los puestos de honor del cuadro lingüístico mundial están: el árabe (206 m/p) y el hindi (181 m/p); y todos nos podemos comunicar.
La pluralidad exige que siendo distintos, lo que equivale a decir que somos singulares, enriquecemos a la raza humana, en tanto que como granos de trigo dispersos por el campo mundial, somos congregados para formar una sola masa repotenciada con muchos ingredientes.
La inevitabilidad de lo plural y diverso en el orden de lo humano nos lleva a pensar en dos posibilidades que tiene cualquier persona para asumir: todos somos distintos y crecemos en igual dignidad desde la diversidad que nos es propia.
Ante esta noción queda claro que nadie puede jugar al homogenizamiento de lo humano, cuando lo más natural es la diversidad, nada ni nadie puede pretender pintar de un solo color el cuadro que se ha pintado con más tonalidades que las del arco iris.
Parafraseando al apóstol Pablo: ni religión alguna, ni ideología política, ni ninguna filosofía, ni nada, podrán apartarnos de la pluralidad y diversidad que nos adorna. De ese modo la dignidad personal tiene un sello particular, entendiendo por ello a lo original-único-irrepetible de cada uno, que es a su vez el valor intrínseco del uno con respecto al nivel macro humano.
Esto nos lleva a pensar que lo diverso nos viene desde la misma raíz teológica que dimana de la revelación de la Santísima Trinidad, entendiendo tal misterio como aquel que nos relaciona con tres personas que se proceden en una misma naturaleza.
El nivel teológico habla de diversidad, el nivel antropológico la reafirma, ¿cómo es posible que existan tendencias excluyentes por no poseer características propias de un grupo? Nunca entenderemos el intento de elevación de una raza superior que tuvieron los nazis, el concepto de barbarismo del mundo greco-romano, y así sucesivamente. En la actualidad, ¿cómo excluir a alguien por no pensar políticamente como yo? ¿Por no profesar mi mismo credo? Si lo más natural de la divinidad es ser diverso en la unidad, ¿Cómo es posible que lo humano-diverso, en no pocos espacios, aún no haya sido entendido?
Excluir por diferencia es no entender lo natural, lo natural es la unión diferenciada, la relación de lo múltiple, siendo la multiplicidad un enriquecimiento que en ningún caso puede derrotar cualquier paso unificador.
La unión se logra desde lo diverso de cada uno, nadie queda por fuera.

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