jueves, 16 de febrero de 2012

no te autoengañes


Digan sí cuando es sí, y no cuando es no, porque lo que se añade lo dicta el demonio (Mt 5, 33-37.) Esto comprende una lección magistral de dominio de sí mismo, que nos la regaló nuestro mismo Señor Jesús, el cual en versículos anteriores venía desarrollando un sermón sobre no estar vacilando en palabras más y palabras menos, sino que hay que actuar de forma clara en toda circunstancia.
Esta lección evangélica, salta a nuestro tiempo como una señal para no caer en el autoengaño del cual podemos ser víctima en cualquier momento.
Los autoengaños los podemos clasificar en tres grandes grupos: 1) los autoengaños afectivos, 2) los autoengaños sociales y 3) los autoengaños religiosos.
1.- El autoengaño afectivo es aquella tendencia que tenemos los seres humanos de creer que podemos salir vivos de relaciones llenas de vicios; los vicios que pueden dañar una relación pueden ser estos: dependencia hacia otra persona (no concebir vida sin estar en contacto con alguna persona), la admiración (que es igual a estar enamorado de quien no corresponde), la dependencia sexual (determinar que lo único posible y que sustenta una relación es una relación sexual).
2.-Los autoengaños sociales, son aquellos que nos llevan a pensar que hay estratos en la sociedad tan herméticamente cerrados que nadie puede ser ni más ni menos de lo que es; tenemos dos grupos; los pobres: que piensan que así es la vida y que hay que sobrevivir y que ya no hay posibilidad de ser líder sino siempre subalterno, los ricos: que sujetos a su "modelo de vida" no pretenden nunca sujetarse a realidades que impliquen esfuerzos ya que las consideran de poco valor y por lo tanto nunca conocen el valor del esfuerzo cotidiano.
3.- Los autoengaños religiosos: son tan peligrosos como los dos anteriores, sólo que a este autoengaño le sumamos que quienes lo asumen, lo asumen como voluntad de Dios. Bajo esta óptica hay una multitud de autoengaños, aquí sólo propondremos dos; La santidad intachable: aquí se vive de apariencias, que nadie observe fallas en la conducta no para crecer en la fe, sino para erigirse como líderes de la comunidad y por lo tanto el día a día se convierte en una lucha para que todo el sistema conductual lleve consonancia con la rectitud que "pide dios que vivamos"; la ligereza: son quienes pretenden vivir la fe y la profesan pero que en lo privado se muestran muy distintos a lo profesado en la comunidad, de esta forma se cultivan grandes monstruos que confían sus horrores a la "misericordia de dios".
La verdad está encarnada en la sencillez, no hay nada más satisfactorio que dejar de lado cualquier personaje de teatro y dedicarse a vivir en la lealtad al corazón, sin estar amarrando a nadie ni sometiendo, ni mucho menos disminuyendo.
Hay que abrir el corazón a la verdad.

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