¿quién dijo que no volamos?
Ser un aventurero de la vida tiene sus ventajas, porque se puede llegar más lejos, ser más y sentir más, sin duda alguna trae muchos beneficios ser “atrevido” y no quedarse fijo en una realidad estática. Ir más allá, es cumplir el deseo de la antigua y muy actual frase latina CARPE DIEM, pues, en el pasado sustentó un deseo de profundidad vital que promulgaron corrientes filosóficas como la de los cínicos, en ellos se veía el goce desenfrenado de los placeres como el fin último de la estancia en esta vida, carpe diem era una consigna para no tener límites sabiendo que en esta vida era todo y que sin esta vida nada, carpe diem era el vuelo más alto del espíritu humano pero que no subía más allá de las nubes. En los nuevos tiempos que inauguró la estancia de Jesús de Nazaret entre nosotros, la vitalidad al máximo ha cobrado nuevas fuerzas y nuevos ánimos, ya no se trata de elevarse sólo en realidades meramente humanas, que no dejando de ser buenas o, mejor dicho, excelentes, no proveía...